Eclipses y pueblos originarios: ¿Cómo interpretaban estos eventos astronómicos?

FOTO: ARCHIVO LA TERCERA
Autor: Cecilia Yáñez
La muerte del Sol. Para la mayoría de las personas, los eclipses de Sol eran un momento de preocupación que anunciaban malas noticias.
El sol y la luna han estado siempre presentes en la historia de la humanidad y junto con el resto de los astros han servido de explicación para varios fenómenos naturales. Los eclipses, llamaban especialmente la atención de los primeros seres humanos. “Para nuestros primeros antepasados era un fenómeno en que la fuente vital de energía desaparecía, sin saber si su abandono sería transitorio o definitivo. Para los pueblos antiguos las deidades vivían en el cielo, y un eclipse podría significar la manifestación de la furia divina. Por eso los griegos designaron al fenómeno con el nombre de “eclipse”, que significa “desaparición” o “abandono”, dice Mario Hamuy, Premio Nacional de Ciencias Exactas e su libro “El Sol Negro”.


Felipe Kong, académico de la Facultad de Educación Universidad Diego Portales, recuerda que los mayas y los aztecas dejaron narraciones orales sobre combates estelares entre dioses por obtener los mejores lugares en el Universo. “Otro aspecto que destaca es la relación del eclipse y el miedo, cuentan los historiadores que, para superar el miedo y combatir los malos espíritus, diversas sociedades gritaban, usaban todo tipo de artefactos capaces de producir ruido o lanzaban flechas al cielo”, dice.

Los eclipses totales de Sol, como el del pasado martes, eran interpretados por los viejos sabios como designios de las divinidades que guiaban los destinos de su población, en la mayoría de los casos eran vistos como presagios negativos, dignos de sacrificio, señala Hamuy.

Los pueblos originarios en Chile, no fueron la excepción. Para los mapuches son Antü y Küyen; Inti y Killa para los aymara y Kran y Kra para el pueblo selk’nam. Las observaciones que hacían al cielo les servían sobre todo para organizar sus tareas agrícolas y rituales.

Según el naturalista francés, Claudio Gay, los pueblos originarios le temían a la oscuridad. En su libro Usos y costumbres de los araucanos, relata que durante un eclipse solar los mapuches lanzaron piedras al sol mientras éste se escondía detrás de la luna.

“Encontramos similitudes en la forma de interpretar los eclipses, incluso con culturas del mundo que en su mayoría consideraban los eclipses como fenómenos que presagiaban grandes calamidades para la comunidad. Pero más allá de las connotaciones místicas, la importancia del Sol en la naturaleza siempre fue algo evidente para los pueblos originarios: su potencia, luz y calor les permitía disponer de una serie de conocimientos prácticos que aplicaban en el día a día”, señala Daniela Palma, astrónoma y estudiante de Magíster en Astrofísica del Instituto de Física y Astronomía de la U. de Valparaíso.

Marcador del tiempo
Palma explica a los pueblos originarios el Sol les permitía la organización del tiempo diario, así como la organización de las etapas del año. “Todos los pueblos originarios, con la excepción quizás de los cazadores del sur austral, supieron deducir e interpretar los efectos del Sol sobre la tierra, y su importancia vital para el éxito de las cosechas, es decir, para seguir vivos”.

Para los mapuches Antü es el marcador del tiempo y entorno a sus movimientos organizan sus actividades. En su lengua, eclipse de sol es Lai Antü, literalmente, la muerte del sol.

“El Sol ejercía una influencia constante y activa. Por la tarde, al acostarse, lo saludaban con respeto, y en la mañana, cuando aparecía, manifestaban su júbilo a gritos, regocijándose ante su silencioso fulgor extendido en las tierras de la Araucanía”, cuenta la astrónoma de la U. de Valparaíso.

Elisa Loncon, académica del Depto. de Educación de la Universidad de Santiago explica que un eclipse de sol o de luna implica la muerte pero también un ciclo nuevo, una interrupción del ciclo normal, una muerte que no es definitiva “Antü y Küyen son opuestos pero complementarios, ambos necesarios para mantener el equilibrio. El origen del pueblo mapuche está en el cielo, se reconoce a partir de la cosmogonía. Reconoce como primera familia espiritual a una pareja de ancianos y una pareja joven que vivían en el cielo y que crearon la humanidad”, señala.

“Los Mapuche, denominaban al eclipse solar como “Malonji ta Antü” (vinieron a tapar al Sol) o “zumiñii Antü” (se oscureció lentamente el Sol). Para ellos los eclipses son pensados como una lucha y por ello, si la pierden sobrevendrán sucesos negativos, lo que ocurre cuando hay un eclipse total. Sin embargo, si el eclipse es parcial, anunciará presagios positivos” agrega Palma.

Rogativas y ceremonias
Para los quechuas y aymaras, los eclipses tienen relación con los conflictos entre el sol y la luna. Un ensayo publicado en la revista Diálogo Andino en el año 2014 escrito por Persis B. Clarkson y Luis Briones Morales, señala que los antiguos pueblos tarapaqueños del norte de Chile creían que un eclipse de sol ocurre porque la luna (agua) lo vence. Para evitar esta muerte, encendían fogatas en los lugares más altos para sí ayudarle a recobrar fuerzas y que volviera a brillar. Si la corona del eclipse era rojiza, esperaban guerras, si ésta era blanca, entonces se preparaban para un año frío y en caso de ser amarilla, días de calor e incendios. Cuando se veía más azul, entonces anticipaba un año lluvioso.

“Los Aymaras se fijaban en sus movimientos para augurar el curso de las estaciones, el régimen de lluvias y la fertilidad de la tierra para el desarrollo de cultivos; incluso consideraban sus efectos en la fecundidad animal”, dice Palma.

Ante un eclipse, las comunidades mapuche realizaban rogativas para que no muriera un cacique respetado, uno de los anuncios que se supone traía consigo este evento.

“Lanantu y Lancuyen: literalmente, significa “muerte del Sol” y “muerte de la Luna”. La palabra es utilizada durante los eclipses. Si el eclipse es de Sol, se anuncia la muerte de un cacique respetado y querido. En cambio, si el eclipse es de Luna, la muerte es de un cacique enemigo”, dice Kong.

Los selk’nam u onas, no adoraban ni al sol ni a la luna, pero sí le temían a la oscuridad. Al igual que el viento y la nieve, éstos son fuerzas que están presentes en la naturaleza. Uno de los mitos de esta cultura tiene al sol y la luna como principales protagonistas. En él, el sol y la luna son una pareja. Durante mucho tiempo la luna (mujer) dominó al sol (hombre) a través de engaños pero cuando éste la descubrió comenzó a perseguirla para matarla. Fue así como muchas mujeres selk nam adultas murieron pero la luna logró saltar al cielo. Desde entonces el sol la persigue sin darle alcance, provocando el día y la noche.

“En la cultura Selk’nam, los chamanes se vestían con una capa de guanaco y un tocado de finas plumas, y entonaban cantos hasta entrar en trance, para liberar su espíritu, acercarse al astro y asegurarse de que reinara nuevamente con todo su esplendor. En el caso del eclipse lunar, la visita determinaba la suerte del chamán: si era aceptado por la Luna recibiría de ella un objeto circular de piedra, madera o cuero, el que le señalaba como portador de un futuro seguro y venturoso. Si, por el contrario, la Luna lo rechazaba, los asistentes a la ceremonia veían cómo las hierbas próximas, las flechas del chamán o su vestimenta se manchaban de sangre. Entonces se sabía que este moriría pronto, pues su cuerpo había sido “agarrado” por la Luna y estaba bajo su “sombra””, relata Palma.

Fuente: latercera